Ansiedad Social: Asesinar al duendecillo paranoico.

Publicado por Unknown , viernes, 7 de agosto de 2015 4:41

Una no sabe exactamente qué la origina, pero siempre está contigo, acompañándote. Es un vacío en el pecho, un nudo en la garganta, una presión en la cabeza. Es un pequeño duendecillo paranoico susurrándote constantemente que no vales para nada, que estás haciendo el ridículo y que todos se están riendo de tí por dentro, que te pregunta constantemente por qué acabas de decir esa estupidez, o por qué carajo te has quedado callada en ese preciso momento. Es un duendecillo que te recuerda que estás gorda, que tu voz es irritante y que ese chico o chica que te gusta nunca se fijará en tí, que la cajera del súper te ha mirado mal por la compra que has hecho, que el profesor se reirá en tu cara si contestas mal a la pregunta que acaba de hacerte.
Hay que matar al duendecillo paranoico.

Y no es fácil, porque es jodidamente inteligente, te ataca donde más te duele. Te hace creer que tus mejores amigos te odian y que tu familia solo te tolera porque es su obligación. En el fondo, sabes que no es real, que no es tu cerebro el que está pensando sino tu ansiedad.

Salir de compras es como salir a una selva llena de peligros, allá donde miras ves complejos, ves gente a la que desearías parecerte, gente que, a pesar de estar mirando hacia la nada, crees que te mira a tí con expresión de burla. Conocer a un nuevo grupo de amigos es una odisea. No sabes cómo son, ni como comportarte. El duendecillo te susurra que no seas tú misma, que tú misma no vas a gustar a nadie. Te dice que seas simpática y divertida, pero de tu bocas salen cosas banales, sin sentido y torpes. Hay algo que no sabe el duendecillo: ya eres simpática y divertida.

El compromiso te aterra. Y no hablo de relaciones. La simple idea de que tienes que hacer algo te produce estrés. Deberías llamar a tu abuela, deberías decirle a tu madre que este finde no duermes en casa, deberías decirle a tu padre que crees que necesitas un psicólogo. La expectación de la obligación te encierra en tí misma y te mata por dentro.
A veces lloras sin saber por qué.
Y todos te dicen que eso no es posible, que tiene que haber un motivo. Que lo busques.
Quieres que te ayuden pero nadie tiene la paciencia y el tacto para tratar contigo. La gente acaba hartándose de tus lloros y tus mierdas.

El otro día un par de amigos se reían porque una chica que medio salía con uno de ellos estaba fuera de la casa y no se atrevía a entrar porque había más gente a parte de él. A la gente le parece divertido que una persona sea capaz de esperar casi una hora a la interperie solo para evitar contacto social con desconocidos. A mí me parece totalmente comprensible.

La ansiedad social es un problema serio y tiene mucho que ver con la autoestima de una persona. Una persona con mucho amor propio ignoraría por completo al duendecillo.
Por eso no te rías de ella si no quieres hundirla. No le digas que sus preocupaciones son estúpidas porque para ella son muy reales y que le digas  eso solo la hará sentir, bueno, estúpida.

Hay que asesinar al maldito duendecillo.
Y si necesitas ayuda para planificar un asesinato, no hay nada de malo en ello

0 Response to "Ansiedad Social: Asesinar al duendecillo paranoico."

Publicar un comentario