Escribo
Publicado por Unknown , miércoles, 12 de febrero de 2014 8:39
Sigo viva y escribo, aunque no tengo claro si uno de estos hechos es consecuencia del otro. Escribo, y eso es lo que ahora mismo importa.
Extrañaba de tal forma el sordo ruido del teclado y la luz solitaria de la pantalla que deseaba deslizar mis dedos y contaros historias largas y extrañas. De amor, de odio, de lucha, fuego y mentiras. Quería presentaros personajes simiescos y hermosos, amantes y amados, personajes fuertes y con coraje, capaces de soportar la que se les venía encima teniendo en cuenta que era yo la guionista de sus vidas. Quería mostraros la vida de un escritor bohemio, de una mujer victoriana, de una niña que vivirá dentro de mil años, o quizás dentro de dos mil. Quería escribir algo enorme, bello y único. Quería.
Por desgracia o por fortuna, no soy una gran narradora. No puedo contaros nada que no hayáis visto antes. Todas las tramas, personajes y lugares que se agolpan en mi mente no son más que otra forma insulsa y fácil de entretener a personas que ya tienen miles de historias parecidas entre las que elegir. No quiero contribuir al libro fácil, a la literatura (si puedo ser tan osada y denominar así lo que hago) vacía y estúpida. No soy una gran narradora, y sé que muchos, aún sabiendo que son igual de mediocres de lo que yo lo soy, narran de igual forma. Yo no quiero hacer algo mediocre. Quiero hacer lo que creo hacer bien.
Es ese deseo por tanto el motivo de abrir esta pequeña ventana. Puede que no muchos me lean, no me importa. Me doy por satisfecha si uno solo lo hace. Me conformo con que uno solo me escuche, pues tengo muchas mentiras acerca de las cuales quejarme, mucho odio que se hace imposible de contener, e infinito amor que me encargaré personalmente de buscar donde sea. Dolores y alegrías. Mentiras y girasoles.
Intentaré que lo que escriba no sirva para entretener a una mente dormida, sino para avivar una mente despierta. Intentaré quejarme de todo y no parar por nada.
Puedo sonar engreída, y seguramente lo sea, ¿Pero de qué otra forma iba a animarme precisamente yo a llevar al día un blog? ¡La vagancia personificada!

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